Alimentos malos para el acné

Hasta un 95% de adolescentes padecen acné, una afección que se debe a los cambios hormonales que se producen durante esta etapa de la vida. El cambio hormonal que se da en la adolescencia, que coincide con la maduración sexual, da lugar en muchos casos a un aumento de la seborrea, de manera que los orificios foliculares se taponan con facilidad y se produce lo que conocemos como acné. Hay estudios que señalan que, una vez superado el desequilibrio hormonal de la adolescencia, el acné puede permanecer hasta en un 10% de las mujeres y alrededor del 3% de los hombres.


Una alimentación adecuada puede mejorarlo, algunos pacientes notan mejorías evidentes en sus cuadros de acné al revisar su dieta y eliminar el consumo de determinados alimentos:





Embutidos

Es conveniente eliminar el consumo de grasas poco saludables y apostar por las grasas sanas, presentes en numerosos alimentos. Se reccomeinda consumir aquellos alimentos que aportan ácidos grasos antiinflamatorios, que mejorarán la piel en general y el acné en particular, los cuales deben proceder de alimentos como el aceite de oliva o el aguacate, que contienen ácidos grasos monoinsaturados; o de pescados como el salmón, las sardinas o la caballa, fuentes de ácidos grasos omega 3.


Lácteos

Las dietas con una alta carga glucémica y ricas en productos lácteos pueden favorecer la aparición de acné. Se recomienda evitar mantequillas, natas o quesos muy curados, que lo que hacen es añadir más leña para que esa glándula sebácea produzca todavía más sebo.


Pan

Las harinas refinadas, presentes en pan, pasta y cereales, además de en numerosos productos de bollería, pastelería y snacks, deberían sustituirse por su versión integral. Las dietas con una alta carga glucémica están directamente relacionadas con el acné, cosa que demuestran diversos estudios, por lo que es recomendable eliminar los hidratos de carbono refinados con una carga glucémica elevada, que empeoran los cuadros de acné.


Azúcar

Presente en alimentos que van desde los refrescos carbonatados a la bollería, los cereales de desayuno y numerosos precocinados y ultraprocesados, el azúcar provoca niveles muy elevados de insulina en el organismo, lo que incide sobre la glándula sebácea. Se recomienda reducir el azúcar de la dieta y, al tiempo, aprovechar los azúcares presentes de forma natural en algunos alimentos, como la fruta.






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